viernes, 29 de agosto de 2014
La indumentaria de la moda en un recorrido de 150 años
Eduardo
Viladés, MQMP.-
Más de 4.000 piezas de indumentaria protagonizaron una de las exposiciones más
importantes de la temporada en el Museo de Bellas Artes de Valencia.
Bajo el nombre de “Moda, ¿octavo arte?”, la muestra contó con
fondos del propio museo y de Victoria Liceras, emblema en la moda valenciana y
comisaria de la retrospectiva junto con Joaquín Lara.
La exposición hizo un recorrido por el arte y la indumentaria
desde la Revolución Francesa, en las postrimerías del siglo XVIII, hasta los
años dorados de la Belle Epoque, el periodo de entreguerras en el que Europa
vivió una eclosión sin precedentes en la innovación textil.
La muestra se centró en dos universos paralelos: el de
las artes plásticas y el de la moda. El primero, con artistas con nombre propio
que plasmaron en sus obras la evolución de la indumentaria de su época, como
Agustín Esteve, Vicente López, Zacarías González, Ignacio Pinazo o Salvador
Martínez. En total pudieron contemplarse
24 cuadros que reflejaban la indumentaria propia del siglo
XIX.
El segundo subrayó la figura de Mariano Fortuny y Paul
Poiret. Fortuny inventó un tipo de brocado impreso que imitaba los terciopelos
labrados de los siglos XV y XVI. También diseñaba vestidos y ropa teatral. Como
suele suceder, alcanzó más fama fuera de nuestras fronteras e incluso aparece
en la novela En busca del tiempo perdido
de Marcel Proust. El escritor francés asegura que las damas parisinas de alta
alcurnia de finales del XIX “suspiran por los trajes de Fortuny”.
Fortuny inventó también un tipo de plisado sobre
finísima seda con el que elaboró su famoso vestido Delphos, que lució por ejemplo la bailarina Isadora Duncan en
varias de sus representaciones.
Murió en la pobreza más absoluta y olvidado en su piso
parisino, pero sin él la moda actual no podría concebirse tal como es. Liberó a
la mujer del corsé y muchos expertos lo consideran, junto a Christian Dior, el
Rey de la Moda. Hablamos de Paul Poiret, fallecido en 1944 y cuya contribución
a la moda se ha comparado con lo que Picasso supuso en el mundo de la pintura.
Coetáneo de Coco Chanel, nunca se llevaron bien. Se cuenta
que hacia el final de su carrera Poiret encontró a Chanel en un cóctel vestida
con sus severos trajes negros. “Perdone, señorita, ¿por quién lleva este traje
de luto?”, preguntó Poiret a Chanel. “¡Por usted, caballero!”, respondió Coco
dándole la espalda.
Su carrera consistió en buscar la naturalidad
en el atuendo femenino. En este sentido, diseñó la falda de medio paso, a la
que posteriormente añadió decorados ceñidos desde el muslo hasta la rodilla. Solía
adornar sus creaciones con borlas, capas, chales con plumas o estolas de zorro
que les conferían un aire teatral, en lo que coincide con Fortuny.
Con el paralelismo de estos dos mundos la
exposición reivindicaba a la moda como una más de las artes; demostró que si
las artes son un producto de la creatividad humana destinado al deleite, la
indumentaria participa profundamente en ello.
Antes de la aparición de Poiret la indumentaria femenina
estaba encorsetada. La exposición repasó el modo de vestir de grandes figuras femeninas
decimonónicas como Sisí Emperatriz o Eugenia de Montijo, claves en el siglo
XIX. El final de esta centuria supuso el comienzo de la definitiva
liberalización de la mujer con el incipiente acortamiento de las faldas e
incluso el corte del pelo, hasta entonces impensable.
El Museo de Bellas Artes deleitó al visitante con
trajes como esta falda recta por delante
pero con gran volumen en la parte trasera, con recogidos y apolisonados que
cubren parcialmente una media cola que sobresale por abajo.
La muestra incluyó también accesorios relacionados con la
moda, además de objetos tecnológicos y mobiliario que contextualizaban arte e
indumentaria. Ha sido una de las exposiciones más importantes en lo que va de
año en la capital del Turia.
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