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¡Más que mil palabras!

miércoles, 13 de agosto de 2014

¿Qué fue de?... Un curioso recorrido por nuestro pasado




Eduardo Viladés, MQMP.- Llevo más de 20 años esperando realizar algún tipo de reportaje o artículo en el que Bo Derek sea una de las protagonistas. Quien me conoce bien sabe perfectamente de lo que hablo porque la actriz estadounidense, de un modo u otro, está presente en mi día a día a través de las muletillas y expresiones que me caracterizan. Sé que me echo piedras contra mi propio tejado porque daría una imagen mucho más erudita y culta si dijese que mis muletillas diarias las protagoniza Séneca, pero no es así. ¡Qué le vamos a hacer!



Recuerdo que cuando vivía en Reino Unido me crucé con Bo Derek en el hall de los grandes almacenes Harrod’s. Iba con mi madre, quien se quedó estupefacta cuando yo chillé a voz en grito “¡mamá, es Bo Derek!”. Que conste que no es mi estilo ni va con mi carácter comprar en Harrod’s; simplemente era un destino turístico más al que llevas a tus padres cuando van a verte a Londres para que se hagan la típica foto en los escaparates de la entrada.



Icono erótico en los años setenta y principios de los ochenta, Bo Derek acaparó decenas de portadas. Sus pechos turgentes y su sensual salida del agua a lo Ursula Andress en “10, la mujer perfecta” es un clásico del cine de sobremesa  y protagonizó las fantasías sexuales de innumerables hombres de esa época. ¡Vaya, al menos eso creo, admito que no he hecho un sondeo al respecto!

Las trenzas del deseo

Durante el rodaje de "10, la mujer perfecta", de Blake Edwards, el peinado fue la peor pesadilla para Bo y su equipo asesor. Dos mujeres dedicaban nueve horas al día trenzando el cabello de la actriz.


Para llegar al resultado final, una vez terminado el peinado, se le aplicaba una capa de gomina transparente para mantener las borlitas de las trenzas en su lugar y sobrevivir a las escenas grabadas en exteriores. Con este toque maestro, las trenzas eran capaces de soportar los embates del viento, del sol y del agua del mar sin mayores inconvenientes.

El estilo establecido por Bo lo han hecho suyo varias famosas en la actualidad. Por ejemplo, Kim Kardashian escogió las trenzas para la grabación de un videoclip y contó a la revista "US Magazine" que tenía que estar cuatro horas diarias en la peluquería para que el peinado luciese en todo su esplendor. ¡Al menos, de nueve horas bajó a cuatro!

Otra famosa que las ha utilizado ha sido Heidi Klum. La modelo alemana las eligió para pasar unas vacaciones en las Bahamas en compañía de su familia.

Y como el peinado no podía pasar desapercibido en el mundo de la música, otra celebrity que lo aprovechó fue Christina Aguilera. La rubia hizo algunas modificaciones al peinado tradicional al adornarlo con pequeños detalles en tonos pastel.
Actriz para el olvido
Premiada con tres anti-Oscar a la peor actriz y nominada en una ocasión al galardón “peor actriz del siglo XX”, su talento delante de las cámaras no fue precisamente su carta de presentación. Ya que estamos hablando de premios de altos vuelos, ¿sabíais que Sylvester Stallone fue elegido el peor actor del siglo XX por "el 99% de todo lo que había hecho" y que Madonna hizo lo propio con el de peor actriz?




Tras el éxito de “10, la mujer perfecta”, su marido, John Derek, intentó explotar el filón de mito erótico con “Tarzán, el hombre mono” y “Bolero”, donde compartía cartel con nuestra Bo Derek nacional, Ana Obregón.

Su imagen desnuda a lomos de una yegua blanca tapando sus encantos con su cabellera rubia está casi a la altura de su salida del agua en “10”. Aunque el guión de la película deja mucho que desear, fue el tercer filme más taquillero del año 1984 en Estados Unidos, muy cerca de “Los cazafantasmas”.




Bo ganó su primer “anti-Oscar” y nuestra Anita se hizo un hueco en el competitivo mundo de Hollywood porque poco después de “Bolero” rodó un capítulo de “El equipo A”. Totalmente olvidable. ¿Os acordáis que en “El equipo A” jamás moría nadie ni resultaba herido a pesar de que estaban el 90% de cada capitulo pegando tiros y lanzando granadas en medio de la jungla? No sé, curioso pensamiento que acaba de venirme a la cabeza.


Bo posó varias veces desnuda para Playboy. La primera vez fue en 1980 con unas fotos hechas por su marido. Después de “Bolero”, y a pesar de su éxito, fue apartándose progresivamente del mundo del cine para recluirse en su granja. En 2004 fue jurado del certamen de Miss Universo y sus apariciones en prensa son contadas. Suele conceder alguna entrevista después de visitar a su cirujano plástico o para hablar de su incondicional apoyo al Partido Republicano. Es íntima de Bush. Haré como que no he dicho nada.
El rostro de 1966
De esta manera calificó el periódico británico Daily Express a Lesley Lawson hace 48 años. Icono de la moda de la segunda mitad de los sesenta, Twiggy fue la primera súper modelo internacional tal y como entendemos hoy en día el concepto de top model.

Parece mentira que una modelo de tan solo 1,67 metros de estatura alcanzará fama mundial de la noche a la mañana. De hecho, en el colegio a Lesley la llamaban el “patito feo”. Un día cualquiera, Lesley fue a cortarse el pelo y el estilista, de nombre Leonard, quedó fascinado por la forma ovalada de su rostro y sus ojos saltones. Le propuso llamar a Barry Lategan, un artista muy conocido en el Londres underground de los sesenta, para que le hiciese una sesión de fotos. Leslie aceptó. Una vez sacadas las fotografías, Leonard las colgó en el escaparate de su peluquería. A los pocos días, acudió a hacerse unas mechas Deirdre McSharry, una de las periodistas más cotizadas del Daily Express.

A Deirdre le deslumbró la belleza nada convencional de Leslie y pidió su número a Leonard. Cuando la reportera y la futura modelo se conocieron, el flechazo fue instantáneo y Deirdre se comprometió a hacer un reportaje a toda página de la que definió como “el rostro de 1966”. Fue en ese encuentro cuando Deirdre descubrió que el apodo familiar que recibía en casa Leslie era el de Twiggy, puesto por su hermano porque tenía las piernas muy delgadas y solía usar ese sonido onomatopéyico para referirse a ellas. Optó por usarlo en su reportaje. Fue el comienzo del mito.

El reportaje del Daily Express fue todo un éxito y abrió las puertas a Twiggy de Nueva York, donde posó para Vogue, y París, donde viviría durante muchos años. Causó toda una revolución en el mundo de la peluquería. Musa de Vidal Sasson, su pelo rubio platino engominado con la raya a un lado aún sigue estando de moda. Su estética fue igualmente rompedora, con minifaldas imposibles creadas por Mary Quant, gafas grandes a lo Kim del “1,2,3”, pestañas postizas, ojos muy maquillados y medias a la altura de las rodillas, de rayas y de colores llamativos estilo Pipi Calzaslargas.

En España también tuvo mucha repercusión el estilo de Twiggy y las jóvenes de finales de los sesenta lo imitaron sin parar, como vemos en esta foto en la que una guapísima Montse luce un conjunto de rayas inspirado en la modelo inglesa en el Parque Grande de Zaragoza.

Twiggy abrió la mente de muchas adolescentes de esos años, como nos comenta la propia Montse. “Me volvía loca cada vez que veía una fotografía de Twiggy en el Blanco y Negro que compraba todos los sábados mi madre”, asegura. Hasta entonces, las modelos que solían verse en las portadas de las revistas eran altísimas y curvilíneas, no había hueco para cuerpos más menudos y flacos. Había sido la estética imperante en los años cincuenta y principios de los sesenta. Twiggy, en este sentido, supuso una revolución al socializar la alta costura y dotarla de un halo de modernidad y transgresión.



A diferencia de Bo Derek, Twiggy ha sacado mucho más rendimiento a su fama. Actualmente tiene 64 años y vive en su casa de Londres con su hija y su segundo marido. Suele aparecer en programas de televisión del estilo de La Voz y Operación Triunfo como jurado, ya que aparte de modelo tuvo un éxito más que notable como cantante y actriz. Llegó incluso a ganar dos Globos de Oro. Es innegable que la impronta de esta modelo (muchos comparan a Kate Moss, que tampoco supera el 1,70, con la Twiggy de nuestros días) permanece y su estilo sigue estando de rabiosa actualidad.
Blow up, imprescindible
Está claro que 1966 fue un año prolífico para el arte y la cultura, especialmente en Reino Unido. The Beatles eran ya todo un éxito, Twiggy saltaba al estrellato y Michelangelo Antonioni realizaba una de las películas de culto de la historia del cine, “Blow up”.

Una de las actrices que aparecía en ese filme era Vera Gräfin von Lehndorff-Steinort, la condesa Vera Gottliebe Anna von Lehndorff. Para aclararnos, Veruschka, nombre artístico de una de las modelos que más portadas ha acaparado en la historia y que ha sido musa de fotógrafos, cineastas y pintores.

Nació en la localidad alemana de Königsberg en 1939 y su infancia se caracterizó por la persecución de los nazis. De hecho, vivió en un campo de concentración parte de la II Guerra Mundial.

Terminado el conflicto bélico, y tras unos duros años en los que su familia tuvo que empezar desde cero, se trasladó a Hamburgo a estudiar Historia del Arte. Al acabar la carrera, decidió irse a vivir a Italia. En Florencia, fue descubierta por el fotógrafo Ugo Muglas a los 20 años, quien introdujo su curvilínea figura en las mejores revistas de moda italianas. Tras Florencia llegó París y Nueva York, donde trabajó para la Stewart Modeling Agency. Fue la chica con más instantáneas expuestas en las paredes de la agencia.

Veruschka fue  portada de Vogue, Life, Journal, Queen, Flair y Harpers. Inspiró a fotógrafos de renombre como Richard Avedon, Bert Stein, David Bayley, Steven Meisel, Francesco Scavullo, Peter Beard y Franco Rubartelli. Y grandes modistos como Tom Ford, Michael Kord, Dolce&Gabanna o Ailanto cayeron rendidos a sus encantos.


Fue además la primera top model que se metió de lleno en el body painting. Su cuerpo desnudo podía contemplarse en obras de Dalí o esculturas de Holger Trülzsch. Sus piernas, larguísimas, parecían no terminar nunca de pintarse o esculpirse. Su belleza y su carácter indómito y bohemio fueron sus señas de identidad.



Dejó el mundo de la moda en los años setenta por discrepancias con la revista Vogue, aunque nunca lo abandonó del todo. En octubre de 2010, con 71 años, hizo de modelo durante la semana de la moda de Londres para la colección de Giles Deacon. Al igual que Twiggy, ha sacado rendimiento a su fama y aparece constantemente en la televisión alemana en programas de moda y música. No en vano, colaboró como cantante con el grupo ANBB. Una anécdota: su última aparición en el cine fue en 2006 en la escena de póker de la película de 007 Casino Royale.

La chica perfecta

Fue la primera modelo en firmar un contrato con una empresa de cosméticos, Revlon, en 1973, el más caro de la historia hasta ese momento. Con 71 años, Lauren Hutton sigue conservando un aspecto envidiable que, según ella, se debe a la hidratación. Sus amigos y familiares en numerosas ocasiones han destacado la obsesión de Lauren por el agua. Tiene botellines de agua mineral en el bolso, en la cocina, en la guantera del coche y exige litros y litros de Evian cuando va de viaje.     



Sea como sea, mantiene intacta su belleza, como puede observarse en estas tres portadas de Bazaar y Elle del año pasado.






Algunos la han comparado con la Julia Roberts del mundo de la moda, la “novia de América” de los setenta y ochenta y antesala de las supermodelos de los 90. De mentalidad hippie, tolerante y divertida, protagonizó más de 30 portadas en Vogue América cuando la revista era capitaneada por Diane Vreeland.



El mítico Richard Avedon fue el encargado de realizar la primera de sus sesiones de fotos. En 2005 posó desnuda para la revista Big sin ningún tipo de retoque informático, algo que la modelo volvió a exigir al posar en la madurez para la edición italiana de Vogue. Es una de las señas de identidad de Hutton, ecologista empedernida que jamás ha pasado por el quirófano, según dice ella misma.



Al igual que el resto de las grandes divas que venimos analizando, salvo nuestra querida Bo, Lauren ha amortizado de sobra su fama. Ha tenido un programa de televisión en horario de máxima audiencia. Bien es cierto que solo duró una temporada, pero vaya, no se quedaba en su rancho de California lavándose el pelo con champú Revlon.



También triunfó en el mundo del cine; su mayor éxito fue “American gigoló”, en 1980, junto con un efervescente Richard Gere tres años antes de volvernos locos a todos en “Oficial y caballero”. Fue también una condesa vampira que tenía que beber la sangre de jóvenes veinteañeros para mantenerse lozana en “Mordiscos peligrosos”, junto con un irreconocible Jim Carrey, y salió en varios capítulos de Falcon Crest plantando cara a Ángela Channing en los viñedos del Valle de Tuscany.



Incluso tiene una empresa de cosméticos que vende sus productos en Sudamérica y Estados Unidos, aunque en Europa pueden conseguirse a través de Internet. Se lanzó al negocio empresarial por cuenta propia después de sufrir un aparatoso accidente de moto en 2000 que casi le cuesta la vida.






De Lauren nos quedamos con ese rostro griego a lo “made in America”, su mirada pícara, su cabello rubio, imitado en Los ángeles de Charlie por Farrah Fawcett, y sus paletas separadas, auténtica sensación para la época en la que triunfó. ¡Que se lo digan años después a Madonna!


 El legado de las divas

Bo, Lauren, Veruschka, Twiggy. Cuatro mujeres que en cierto sentido supusieron un antes y un después en el mundo de la moda y el cine. Pero estamos rodeados de grandes divas cuyo legado permanece.




En la actualidad, ver a una mujer vestida con ropa de caballero es algo natural, que lleve pantalones y traje no sorprende a nadie. Al contrario, puede ser sinónimo de estilo. Marlene Dietrich, en los años 30, puso de moda el esmoquin y el empleo de prendas masculinas por parte de las mujeres, algo impensable hasta ese momento. Del mismo modo que Katherine Hepburn fue la primera actriz en posar con pantalones de hombre sin ningún tipo de tapujos.



Se dice que todo está inventado y en parte es cierto. ¿A quién recuerda muchas veces el estilo de Shakira, Claudia Schiffer o la española Patricia Conde? A Brigitte Bardot. Su flequillo acompañó su rostro durante muchos años y ha sido homenajeado en más de una ocasión por Kate Moss. Sus ojos perfilados por eye-liner y carboncillo ahumado han sido copiados hasta la saciedad por todas las presentadoras de televisión. Incluso se hizo una Barbie en su honor y su peinado, sin ir más lejos, fue fuente de inspiración para la desaparecida Amy Winehouse.






No podemos olvidar a Marilyn Monroe, icono de feminidad que ha influido a artistas como Madonna, Christina Aguilera o Gwen Stephanie. En la mente de todos, siempre quedará Audrey Hepburn, sinónimo del buen gusto y el glamour más chic, o Verónica Lake, cuya cabellera rubia platino, distribuida en un corte de pelo denominado peekaboo que ocultaba un ojo, fue universalmente imitada.



Del mundo de la realeza, nos quedamos con Farah Diva. Emperatriz de Irán entre 1967 y 1979, su estilo marcó tendencia. En esta instantánea, Farah deslumbra con un conjunto verde agua de vestido, chaqueta de media manga, zapatos, bolso y turbante en el mismo tono. Muchos años antes, en plena movida madrileña, el grupo de pintores Costus, imprescindibles para entender el pop art español, inmortalizaron a la esposa del sha de Persia en esta composición.



Una anécdota: este cuadro, junto con muchos otros de personajes famosos, sale en la película “Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón”, rodada en el domicilio de Enrique y Juan José, fundadores de Costus, en la madrileña calle de La Palma en 1980.






Sirva para todas las grandes divas, las pasadas y las venideras, las transgresoras y las modositas, las rusticas y las cosmopolitas, las chaladas y las cuerdas, las que comen cruasanes delante del escaparate de Tiffany’s con una resaca de tres al cuarto o las que salen del mar medio desnudas con trencitas este pequeño homenaje de MQMP.


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