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¡Más que mil palabras!

miércoles, 31 de diciembre de 2014

La Beauty Night pone el broche de oro a 2014




Eduardo Viladés.- El centro de estética Skinc de Pamplona fue el lugar elegido para celebrar la Beauty Night el pasado 29 de diciembre. La idea fue una iniciativa de la tienda Los caprichos de Amelie, que aprovechó la oportunidad para presentar su colección de fiesta. En el evento también participaron MQMP y Los tocados de Isabarca.




La colección Fashion Luxury de Los caprichos de Amelie, tienda situada en la calle Francisco Bergamín, no dejo indiferente a nadie. Observemos algunos de los conjuntos en estas dos instantáneas.





Una de las señas de identidad de MQMP es la cercanía con sus alumnas y los lazos que se crean entre la asesoría de imagen y sus clientes. Tras un año lleno de acontecimientos, de cursos, máster, talleres y de muchas emociones, qué mejor manera que despedirlo por todo lo alto. El equipo de MQMP acudió al completo al centro de estética Skinc junto con alumnas como Carmen Cordón, Uxue García, Laura Hualde, Marisol Gonzalez y Laura Mejías.




Fue una noche mágica en la que MQMP y sus alumnas disfrutaron de lo aprendido y ahondaron en los vínculos creados durante los meses de formación. La Beauty Night tuvo lugar en el número 38 de la calle Castillo de Maya, sede de Skinc, el primer Supplement Bar especializado en ofrecer a sus clientes cremas y sérum faciales traídos desde Japón y de inigualable pureza. Todo ello totalmente personalizado.




Las alumnas de MQMP realizaron un asesoramiento en color con las prendas de la tienda Amelie. En la imagen superior, sin ir más lejos, vemos a Marisol, maravillosa con un vestido negro, asesorando sobre color a una chica.



Fue una velada llena de sorpresas en la que la anfitriona, Marta Pérez Collado (imagen inferior), responsable de Skinc Navarra, se desvivió para que todo fuese perfecto.



La sede de Skinc Pamplona abrió sus puertas el 1 de junio de 2012 y, con más de 300 metros cuadrados divididos en 2 plantas, se convirtió en el más grande de los centros que la firma tiene repartidos por todo el mundo.





Marta sabe que la piel de cada persona es diferente y, por ello, para cada tipo de piel existe un producto o tratamiento que tiene en cuenta las necesidades del cliente.




2015 arrancará con fuerza en la sede de Más que mil palabras. Junto con los máster, cursos y talleres que imparte MQMP, cabe destacar la tercera semana de enero la Especialidad en Asesoría de Imagen y Personal Shopper. 36 horas distribuidas a lo largo de una semana en la que las alumnas aprenderán las claves del color, antropometría y los entresijos del trabajo de personal shopper. Todo ello con la excelencia que siempre caracteriza a MQMP.




El equipo e MQMP os desea felices fiestas y un próspero año nuevo 2015 lleno de amor y felicidad con un objetivo concreto: quererse y ser uno mismo.





¡Feliz 2015!

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viernes, 19 de diciembre de 2014

La magia de los mercadillos navideños




Eduardo Viladés, MQMP.-  Ya estamos en Navidad. Niños correteando enfundados en guantes, gorros y bufandas. Familias pensando en cómo decorar el árbol de Navidad y discutiendo porque el pavo del año anterior en casa de los suegros fue mejor que el manjar en casa de la familia directa. Ilusión, esperanza y ganas de que el año que viene sea mejor que el pasado. Luces de colores, calles llenas de gente y mercadillos navideños. Recorramos con Magazine MQMP algunos de los más importantes de España, en especial los de Madrid y Bilbao, y del extranjero, como los de Bruselas, Viena, Estocolmo o Berlín. Si no puedes viajar, no te preocupes, desde aquí te trasladamos al corazón de estos centros de la ilusión.

Madrid huele a Navidad

El principal mercado de Navidad de la capital es el instalado en la Plaza Mayor. Se compone de 104 casetas, de las que 90 ofrecen productos tradicionales navideños y 14 artículos de broma.





Destaca también el mercado de la Plaza de España, que se engloba dentro de la Feria Mercado de Artesanía de la Comunidad de Madrid. Es reconocida por la calidad y variedad de sus productos y participan artesanos de renombre internacional. Hay ceramistas, joyeros, trabajadores del cuero, orfebres, vidrieros, decoradores de telas, jugueteros. En total, 200 talleres artesanos.





Aunque activo todo el año, el Rastro adquiere un talante especial en Navidad. Es el mercado al aire libre más importante de la ciudad, con más de mil puestos de vendedores y comerciantes y se puede encontrar de todo, algo parecido a lo que sucede en el mercado de Tetuán, especializado en artesanía y juguetes.




Otros mercadillos navideños en los que disfrutar de las compras en Madrid son el de artículos de broma de la Plaza de la Provincia, especializado en bombas fétidas, levantaplatos, polvos para estornudar y petardos para cigarros, el de las flores de Tirso de Molina o el de la Paz en pleno barrio de Salamanca.

Sabor a Bilbao

A tiro de piedra de Pamplona como quien dice, estas Navidades merece la pena desplazarse hasta Bilbao para hacer las compras navideñas. El mercado de la calle Bailén consta de más de 40 casas de madera, con la artesanía y productos de cocina vasca como grandes protagonistas. No hay que olvidar Gabonart Feria de Artesanía de Bilbao. Se celebra en el muelle de Arriaga y los 41 puestos instalados ofrecen una amplia gama de productos como cerámica, bisutería, joyería en vidrio y plata, cristal, tallas de madera o juguetería.





Como todos los años, los más pequeños enloquecen en el Parque Infantil de Navidad, distribuido en dos pabellones del BEC y con una superficie de 50.000 metros cuadrados. El parque está dirigido a niños de entre 2 y 12 años y combina diversión con fomento de los valores educativos y didácticos. Aparte de comprar los regalos de Navidad, los padres pueden quedarse tranquilos al dejar a los niños con monitores y permitir que disfruten de un sinfín de actividades como cine 3D, montaña rusa, patinaje, skate o cuentacuentos.





Terminamos el repaso a la capital vizcaína con la feria de Santo Tomás del 21 de diciembre, donde la estrella es la gastronomía y los productos típicos del norte.

El caganer en Barcelona

Desde el 25 de noviembre puede disfrutarse del mercado navideño de Barcelona en los aledaños de la Plaza Sant Jaume. Los inicios de este mercadillo datan del siglo XVIII y ahora ya hay más de 300 puestos donde se puede encontrar todo tipo de manualidades, árboles de navidad, flores de pascua, etc. Una de las costumbres más curiosas de la región es el “Caganer”, un pequeño hombre en cuclillas con una particular tradición a sus espaldas. 





Todo ello endulzado con el ambiente navideño, música y espectáculos incluyendo una escena de la Natividad a tamaño natural en la Plaza Sant Jaume.


2 kilómetros de imaginación

El mercadillo navideño se extiende a lo largo de casi dos kilómetros en la capital belga. Los 240 puestos están cubiertos de madera, lo que acentúa la sensación navideña del momento. Se pueden encontrar adornos, obras de arte y comida y bebida de la zona, como los famosos gofres. Los niños disfrutan de lo lindo en Saint Catherine con un tobogán de 35 metros de largo y una gran rueda iluminada con 18.000 luces. 









Asimismo, el visitante puede pasar la tarde en una  pista de patinaje de unos 60 metros de largo. El mercado de Bruselas se inauguró el pasado 30 de noviembre y estará activo hasta el día de Reyes.

Estocolmo y Dublín

El mercadillo navideño de Estocolmo se viene celebrando desde 1903. Se pueden encontrar artículos artesanales suecos, adornos navideños hechos de paja y comida típica como salchichas, anguilas, salmón, galletas de jengibre o bollos de azafrán, todo ello regado con el típico vino caliente tan común en los países escandinavos. 










Damos un salto a Irlanda. A pesar de ser un mercadillo navideño bastante reciente, hace pocos años ya atraía alrededor de 150.000 personas en el centro de Dublín. Se puede encontrar desde joyas artesanas a vidrieras pasando por los juguetes de madera y otros tipos de obras de arte.

El Este, en ebullición

Budapest está de moda. En Vörösmarty encontraremos comida, danzas tradicionales y música en directo entre los puestos que conforman el mercadillo. Con aproximadamente unos 150, se puede encontrar una gran variedad de arte y cultura local, así como teatros de marionetas. Además, todo lo que se haya hecho a mano y se compre en el mercadillo está garantizado por un jurado profesional de varias asociaciones. 





En la Plaza de Wenceslao, a la sombra de la magnífica Catedral de Tyr de Praga, se despliega este magnífico mercadillo. Un gran árbol navideño preside la plaza donde se puede comprar vino caliente, fruta envuelta en chocolate, dulces y salados típicos de la zona y disfrutar de todos los puestos y sus artesanías en un precioso marco arquitectónico. Puede disfrutarse hasta el 1 de enero.

Sissy en Viena y la magia de Berlín

Viena suele estar cubierta por una maravillosa manta de nieve en diciembre, lo que confiere a la ciudad un encanto especial. El mercado de Christkindlmärkte comienza a estar activo a mediados de noviembre. Los vieneses se reúnen en masa los fines de semana para pasear y tomarse unas buenas castañas que les permitan protegerse de las bajas temperaturas que azotan la capital austriaca.




De todos modos, la ciudad europea en la que se celebran más mercadillos navideños es Berlín. Hay más de 50. El más famoso de todos ellos es el mercadillo de  Kaiser Wilhelm Gedächtniskirche, con aproximadamente 2 millones de visitantes anuales. Se puede disfrutar de placeres mundanos como las castañas y el vino caliente o examinar las joyas y las manualidades que se exponen.



Terminamos con Copenhague, la ciudad que ofrece el mercado más alternativo y menos comercial. El mercadillo se inunda de comida y de nisser, los duendecillos de la Navidad danesa. Se sitúa en el centro de la capital y lo visitan más de un millón de personas cada año. Hay también pistas de hielo, montañas rusas e incluso parques temáticos.


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jueves, 11 de diciembre de 2014

Joaquín Sorolla, gurú de la moda en la exposición “Vestidos para posar”






Eduardo Viladés, MQMP.- El Museo de Bellas Artes de Valencia lleva una temporada que tira la casa por la ventana con interesantes retrospectivas que MQMP no se ha perdido. Una de las más curiosas es “Vestidos para posar”, imprescindible si uno se acerca a la capital de Turia estas Navidades.




Supervisada por Victoria Liceras, responsable también de la muestra “Moda, ¿octavo arte?” de la que Magazine MQMP informó puntualmente, “Vestidos para posar” acerca al espectador actual a la sociedad del cambio de siglo XIX-XX desde una de sus producciones culturales más atractivas: el traje.



Opta por un sistema muy sencillo y atractivo. A partir de ocho obras de Joaquín Sorolla, presenta 16 trajes que trasladan al visitante a ese periodo de transición cuya indumentaria nos causa hoy en día especial fascinación porque todavía consideramos como propios los objetos y trajes de nuestros abuelos.

El mariñaque

Durante el siglo XIX, las formas básicas de las prendas de vestir siguieron siendo las mismas que durante el siglo anterior, pero la ornamentación dejó de ser tan exagerada y los diseños se volvieron más sencillos.




A finales de los años 50 las faldas sufrieron un cambio drástico. Gracias a la invención de nuevos materiales, apareció el miriñaque o enagua con aros. En la década de 1840 el término “miriñaque” o “crinolina” se refería a las enaguas hechas de crin de caballo tejido con lino resistente.




Pero después de 1850, el término se utilizó para designar a la enagua con armazón de aros metálicos o de ballena o cualquier falda ancha que llevara uno de esos armazones. Con la llegada del miriñaque, las faldas se hicieron extremadamente anchas. El desarrollo del cable de acero, los importantes avances de la industria textil y el uso práctico de máquinas de coser facilitaban que los miriñaques pudieran ser todavía más grandes. La continuada mejora de telares y tintes hizo posible una amplia variedad y cantidad de materiales para faldas.

Sorolla

La pintura, sobre todo el retrato de la época, es una herramienta excelente para revisar, como si de un álbum de fotos se tratase, la ropa de aquellos tiempos. Nos acerca a la sociedad del momento, al menos al pujante grupo que podía permitirse encargar retratos a un pintor como Joaquín Sorolla.




“Vestidos para posar” puede contemplarse tanto en el Museo de Bellas Artes como en el Centro del Carmen, donde se ha preparado un montaje a partir de retratos de Sorolla como El retrato de Silverio de la Torre y Retrato de Señora, este último de la Colección Gerstenmaier.





La exposición recoge 16 trajes que recogen la indumentaria de la época a partir de ocho obras del pintor valenciano. Intenta mostrar qué veía Sorolla cuando pintaba sus retratos, cómo era la realidad que observaba. Hay vestimentas que representan a personajes que no tienen fecha ni lugar, otras de retratos historicistas del siglo XVIII, un recorrido por el final del siglo XIX y algunas obras que recuerdan la indumentaria de los felices años 20.

El polisón

Seguimos haciendo un poco de historia. A partir de mediados del siglo XIX la mayoría de los vestidos constaban de dos piezas separadas, un corpiño y una falda. A medida que transcurrían los años, se incrementó el uso de ornamentos y detalles, añadiéndose complicados adornos a cada uno de los pliegues de la vestimenta. Como resultado, la silueta natural de la mujer desaparecía debajo de las telas y los encajes.




A partir de la década de 1860, las faldas perdieron volumen en su diámetro total, la parte delantera quedó plana y la posterior ganó en grandeza gracias al apoyo de una prenda interior llamada polisón. El polisón era una almohadilla colocada sobre el trasero, para realzarlo. Las faldas y las sobrefaldas se solían recoger y llenar de vuelos y encajes en forma de cascada. Con solo unos pequeños cambios en los detalles, el estilo polisón continuó hasta los años 90 del siglo XIX.

María Clotilde

Volvemos a Sorolla porque uno de los retratos estrella de la muestra es el de María Clotilde (abajo). Se expone junto con un traje de algodón rojo compuesto por una falda acampanada y jubón ancho de cuello alto, cerrado en espalda y ceñido a cintura, con mangas tipo globo.




No hay que olvidar el retrato de Carlos Urcola con su hija Eulalia (abajo), para el que se ha configurado un traje masculino y otro de niña de organdí de algodón estampado y pequeños volantes.




El cuadro de Pilar Elegido (abajo) se acompaña de una mantilla española de seda de color blanco marfil en encaje tipo Granada. 




Junto a estas creaciones también hay obras en las que el esplendor del traje regional y el dieciochesco es el protagonista, como Grupa valenciana, Boceto de cartel para el diario El Pueblo o Figuras de casacas jugando en un jardín.

La Belle Epoque de la transición

Hasta comienzos del siglo XX la moda femenina fue incómoda a consecuencia de la utilización del corsé, que apretaba todos los órganos internos. Muchas mujeres se convertían en meros objetos decorativos.




El ideal de belleza femenino debía ser de pecho erguido y abundante, caderas anchas, cintura muy afinada y nalgas exageradas. Así surgieron las mujeres con forma de “S”, que ajustaron las faldas, recogieron el pelo sobre la cabeza con complicados peinados y adornaron sus enormes sombreros con plumas, haciendo además juego con la estética modernista.




A finales de este periodo comienza a aparecer un nuevo tipo de mujer, por primera vez creado por ellas mismas. Una mujer independiente, que luchaba por el voto y por entrar en el mercado laboral. Para ellas la vestimenta se fue simplificando y la excesiva ornamentación desapareciendo, dando lugar al traje sastre de dos piezas, más adecuado a las nuevas necesidades.

Fin del corsé

La revolución industrial había agilizado la producción de bienes. Las clases sociales más acomodadas e incluso las incipientes clases medias adquirían numerosas piezas y complementos de vestir. Se crearon numerosos tipos de prendas interiores adecuados a los nuevos vestidos. Además de la camisola, aparecieron las calzas largas o calzones, así como las enaguas y toda la ropa interior femenina se llenó de encajes y adornos.




Los miriñaques, polisones y corsés, todos ellos imprescindibles para la silueta esculpida del siglo XIX, se reconvirtieron en nuevos modelos con dispositivos e inventos novedosos, muchos de los cuales fueron patentados.




La Primera Guerra Mundial desmanteló los antiguos sistemas y valores sociales. El surgimiento de una pujante clase media dio pie a un nuevo estilo de vida. Los diseñadores de alta costura pusieron especial empeño en crear nuevos tipos de indumentaria. El nuevo estilo garçonne, que a la vez era cómodo y disminuía las diferencias entre hombre y mujer, comenzó a introducir el pantalón como prenda femenina, aunque éste no se popularizó como prenda de vestir hasta después de la Segunda Guerra Mundial.

Sorolla, modisto

Poco se sabe del amor de Sorolla por la moda, pero existen varios documentos que aseguran que para él era bastante importante. Se cuenta que durante su estancia en Barcelona escribía cartas a su mujer contándole cómo vestían las señoras catalanas en la ciudad condal. Y que una vez que tuvo que hacer un retrato al escritor Ramón Pérez de Ayala, fue el mismo Sorolla quien le aconsejó en materia de estilismo. Al parecer se lo encontró por la calle vestido de modo informal. Cuando Ramón le dijo que al día siguiente le vería para el retrato, Sorolla le comentó que acudiese a su despacho justo cómo iba vestido porque le daba un aire de monje que quería plasmar en su creación. 





Todas estas anécdotas sobre Sorolla y su relación con la moda, estas Navidades en el Museo de Bellas Artes de Valencia y el Centro de El Carmen. Magazine MQMP ha estado allí. ¿A qué estáis esperando?


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