jueves, 5 de marzo de 2015
Códigos de vestimenta en Europa: Homogeneización vs. diversidad
Por Uxue García Orbaiceta.
El objetivo de este ensayo es analizar el fenómeno
moda en el contexto europeo. ¿Qué factores nos influyen a la hora de vestir?
¿Estamos sometidos a la moda producida en masa por las grandes cadenas? ¿Se
viste igual en Londres que en Milán? Para dar respuesta a tan diversos
interrogantes, es preciso, en primer lugar, analizar brevemente el concepto
moda contextualizándolo en el marco de las sociedades avanzadas.
Considero que la definición que sigue es bastante
explicativa y clara: “la moda es una sucesión de prácticas sociales repetidas
con regularidad y continuidad, sancionadas y mantenidas por normas asimismo
sociales, que encuentran su importancia fundamental dentro de la estructura
social”. En la sociedad en la que vivimos, el consumo de moda se ha convertido
en una práctica habitual gracias a la cual cada sujeto es capaz de
diferenciarse de los demás y poner de relieve su individualidad. De hecho, en
Europa, el deseo de comprar obedece más a una preocupación por la búsqueda de
estatus que a los problemas derivados de la desnudez corporal.
Cabe señalar que, actualmente, vivimos en un sistema
de producción en masa que conlleva una homogeneización sin precedentes en los
modos de vestir. Claro ejemplo es el caso de Inditex, una multinacional
poseedora de varias marcas con tiendas repartidas por todo el mundo. La
consecuencia de esto es que, independientemente de que nos encontremos en una
ciudad como Londres u otra como San Petesburgo, podemos encontrar las mismas
prendas gracias a tiendas como Zara o H&M, otra gran multinacional sueca.
Desde luego, este fenómeno solamente es posible gracias a grandes medios de
producción y sistemas de logística muy avanzados. Considero que esto supone un
avance importantísimo para la sociedad, ya que significa ofrecer un buen
producto al alcance de todos. Así, todos nos beneficiamos de las últimas
tendencias copiadas de la pasarela a precios razonables, en definitiva, diseño
a buen precio.
En consecuencia, se puede afirmar que la homogeneización en los
modos de vestir no supone necesariamente que todos vistamos igual, sino que
implica que todos podamos adquirir productos de tendencia a buen precio.
En cualquier caso, las diferencias en los modos de
vestir entre países y, dentro de los mismos, entre ciudades, es constatable y
se debe a una serie de factores. Podemos establecer una primera diferenciación
entre las grandes capitales europeas respecto a ciudades más pequeñas. Por lo
general, en el primer caso, la diversidad respecto a formas de vestir es mucho
mayor debido a la gran oferta existente. Además, estas ciudades se caracterizan
por ser cosmopolitas, lo que conlleva una mayor variedad en la indumentaria
debido a los diferentes orígenes de sus ciudadanos.
Se puede afirmar que, en general, en las grandes ciudades cada uno se suele sentir más libre de expresar su individualidad; aunque esto también tiene que ver con la cultura de cada país.
Se puede afirmar que, en general, en las grandes ciudades cada uno se suele sentir más libre de expresar su individualidad; aunque esto también tiene que ver con la cultura de cada país.
Precisamente, analizar la incidencia del factor
cultural es de vital importancia a la hora de diferenciar los códigos de
indumentaria en Europa.
La cultura define los modos de vida y costumbres de un
grupo social, lo que incide de manera determinante en su modo de pensar, de
actuar, de presentarse ante la sociedad y, por tanto, de vestir. Así, nos
encontramos con que en las grandes capitales de la moda europea -París, Londres
y Milán- se viste de una forma bastante diferente, ya que cada una de ellas
cuenta con un estilo propio.
El parisino se define por la elegancia y la
sobriedad. Se viste de manera clásica y sencilla y se presta mucha atención a
la calidad de las prendas. Por el contrario, el estilo londinense es mucho más
moderno y transgresor. A su vez, Milán se caracteriza por tener dos estilos
bien diferenciados. De un lado, su moda destaca por la gran calidad de sus
prendas, como en el caso parisino, y la manufactura artesana. Casas como Marni,
Prada o Valentino son buen ejemplo de ello. Sin embargo, hay que señalar que a
los italianos les gusta vestir con prendas de las firmas más conocidas, les
encanta llevar logos y marcas y, en definitiva, aparentar. Pero, además, casas
como Dolce & Gabbana o Versace son el paradigma de una moda provocativa,
colorista y barroca muy diferente del diseño de las otras firmas italianas
mencionadas arriba.
Siguiendo con lo expuesto anteriormente, el folclore
como expresión de la cultura de un pueblo (artesanía, bailes, música,
costumbres etc.) constituye un factor con gran influencia en la moda. En el
caso de España, por ejemplo, es paradigmático en este sentido que la moda
ligada al fenómeno flamenco, expresión sociocultural asociada generalmente al
pueblo gitano y con especial arraigo en Andalucía, ha llegado a influir e
inspirar en diseñadores internacionales como Moschino. En la misma línea, cabe
señalar que un tipo de calzado muy en boga en la actualidad (tradicional de
España y del sur de Francia) como son las alpargatas o espadrilles tiene sus orígenes en el folclore, de ahí que se hable
de “moda étnica”.
Importa subrayar la importancia de un fenómeno nuevo
en Europa. En nuestros días alberga a millones de personas procedentes de otros
continentes que tienen otras culturas y practican diversas religiones. Estos
inmigrantes, en buena medida, todavía llevan en su vestimenta elementos de sus
países de origen. Como consecuencia de ello, sobre todo en las grandes ciudades
europeas, se puede ver que tal segmento de población combina prendas de la
tradición de determinadas culturas como la islámica (el pañuelo o el chador en el caso de las mujeres y el
turbante en el de los hombres) con
otras mucho más modernas, occidentales y de tendencia (vaqueros, deportivas,
faldas etc.).
Es importante abordar otro factor que también influye
en los modos de vestir, se trata de la meteorología o el clima. De hecho, la
diversidad climatológica de los países europeos y de sus diferentes regiones,
condiciona al ser humano en sus costumbres y hábitos y, lógicamente, también en
gran medida en su forma de vestir. Ahora bien, cabe señalar que en la moda la
respuesta a la necesidad de combatir el frío, el calor, la lluvia o el viento
encuentra con frecuencia fórmulas muy distintas. Por ejemplo, con frecuencia es
muy distinta la vestimenta de la población lapona (países escandinavos) de la
del resto de habitantes de la zona.
En conclusión, todo lo dicho hasta aquí revela como,
en un mundo cada vez más globalizado, incluso en Europa persisten diferencias
en la forma de vestir, entre otras razones por la variedad sociocultural de los
distintos pueblos que lo habitan, lo que entraña una enorme gran riqueza
cultural.
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