viernes, 19 de septiembre de 2014
¿Apareces en Vogue? ¡Estupendo, ven a verme!
Eduardo Viladés, MQMP.- Gracias a ellas hemos visto la moda con
otros ojos, nos hemos emocionado con sus portadas, algunas transgresoras y
otras clásicas, hemos disfrutado con sus reportajes, con sus descubrimientos de
jóvenes promesas y hemos acudido puntualmente al kiosco para adquirirlas una
vez al mes. Son las revistas de moda y tendencias, reflejo de la realidad que
vivimos y capaces de catapultar o destruir a quien se ponga en su camino.
Vogue, la Biblia de la
moda
Sin duda, la revista más importante del mundo es Vogue. El primer
número apareció en 1892 como un pequeño magazine de 35 páginas que informaba
sobre los acontecimientos más importantes de la sociedad de Manhattan, una
pequeña isla casi deshabitada por aquel entonces. De hecho, el objetivo de su
fundador, Arthur Baldwin Turnure, era informar sobre la sociedad neoyorquina acomodada
de la época, que financiaba la revista.
En 1909 muere Turnure y se hace cargo de la
publicación Condé Nast, que enseguida se dio cuenta de que los ingresos de la
revista tenían que venir de la publicidad y no del mecenazgo de algún exitoso
empresario. Vogue pasó de ser semanal a bimensual, se centró en el mundo de la
moda y optó por un público femenino.
La revista comenzó a publicarse en Reino Unido
en 1916 y en Francia en 1924. La edición española comenzaría en la década
de los 80. Actualmente son más de veinte países los que cuentan con una edición
propia.
Conocida como la “Biblia de la moda”, a lo largo de estos 122 años han
colaborado con la publicación los más famosos fotógrafos, modelos, editores,
artistas y escritores.
Portadas icónicas
Las portadas de Vogue han marcado tendencia y analizado la realidad en la
que se circunscribían. Unas portadas
que hay que entenderlas a la vista de los diferentes directores que han pasado
por Vogue.
En 1913, con la llegada de la fotografía en color y bajo
la dirección de Edna Woolman Chase, la revista se reinventó en varias ocasiones
y la audiencia se disparó. En aquellos años, la ilustración estaba de moda. Vogue, consciente de que
estaba a punto de hacer historia, comenzó a poner en práctica lo que se
convirtió en seña de identidad de la publicación: conseguir a los mejores.
Por aquel entonces, Charles Dana Gibson era el rey de la ilustración. Creó
para Vogue bajo la dirección de Woolman esta portada que muestra el tradicional
atuendo de moda con silueta en ”S”.
Gibson es toda una celebridad en el sector norteamericano de la ilustración.
Es el padre de la conocida Gibson girl,
considerado como el primer símbolo de la belleza femenina del siglo XX en
Estados Unidos y sinónimo de independencia de la mujer y éxito social.
Los felices años 20 terminaron
con el crack del 29, que sumió en el
caos más absoluto a la sociedad estadounidense de aquel entonces. Aún así, la
mujer había conseguido grandes logros en ese decenio. Podía fumar, conducir y
trabajar, algo impensable apenas diez años antes. Vogue se hizo eco de esta
liberación en portadas como ésta de 1929.
Diez años después, la revista causó sensación al emplear por primera vez la
fotografía en color para lograr portadas como ésta, de gran impacto visual y que
fue la más vendida en las Navidades de 1939.
Para que nos situemos, ese año la
gran triunfadora de los Oscar fue “Lo que el viento se llevó” y Vivien Leigh,
flamante mejor actriz e inolvidable Escarlata, era la mujer del momento.
Roosevelt era el presidente de Estados Unidos.
Desde 1952 hasta 1962 Vogue fue dirigida por Jessica
Daves. Cambió el formato, la relanzó varias veces y contrató a Irving Penn, clave
en la fotografía de moda del siglo XX. Recurría prácticamente siempre a la luz
natural y eliminó todo elemento superfluo. Sus instantáneas en blanco y
negro son clásicas, como se aprecia en estas fotografías de Al Pacino y Dalí.
De 1963 hasta 1971 Diana Vreeland llenó Vogue de
teatralidad e hizo que el 90% del contenido fuese de moda, con especial
hincapié en los complementos y accesorios. Uno de los imprescindibles de esa
época fue Audrey Hepburn, que representaba el estereotipo de la simpatía y
belleza eternas, como vemos en esta portada de 1964, año en que protagonizó uno
de sus filmes más deliciosos, “My fair lady” (George Cukor).
Grace Mirabelle fue la editora jefe entre 1971 y
1988. Vogue pasó a ser mensual y dio más relevancia a los estilos de vida y la
cultura que a la moda propiamente dicha. Hace unas semanas publicábamos (http://blog.mqmp.es/2014/08/que-fue-de.html) en
Magazine MQMP un reportaje de viejas glorias del mundo de la moda y del cine.
Una de ellas fue Lauren Hutton, que acaparó 26 portadas de Vogue durante su
carrera, lo nunca visto. Esta foto de 1973 muestra a Lauren en todo su
esplendor poco después de firmar un contrato de un millón de dólares para
Revlon. Si queréis saber más de Lauren, leed el reportaje del enlace destacado
en este mismo párrafo.
El diablo, a los mandos
de Vogue
Desde noviembre de 1988 la revista está en manos
de Ann Wintour. El gran cambio que introdujo Ann fue mostrar a las modelos de
cuerpo entero en las portadas, en contra de lo que había hecho Mirabelle, que
solamente mostraba el rostro.
Wintour también cambió los esquemas de la fotografía
de moda al vestir a las modelos con prendas y complementos de precios
asequibles, como vemos en esta portada de 1988, la primera bajo el mando de
Ann. Una blusa de Christian Lacroix de 10.000 dólares contrasta con unos
vaqueros roídos de segunda mano. La moda volvió a ser la protagonista
indiscutible de la revista.
Se cree que el personaje que interpreta Meryl
Streep en “El diablo viste de Prada” (2006, David Frankel) está basado en la personalidad
de Wintour, que sin duda ha llevado a Vogue a lo más alto.
En 2007, por ejemplo, tiró la casa por la
ventana con el ejemplar de septiembre, de 840 páginas, con Sienna Miller en la
portada y que además dio pie a que se grabase un documental inspirado en los
años de Ann al frente de la revista, “The September issue”. Echad un vistazo a
este tráiler del documental. ¡No tiene desperdicio!
Cosmo, la moda más sexual
Parece mentira que una
revista que comenzó con clara vocación familiar terminase dedicando parte de su
contenido a sexo de andar por casa. Cuántas veces no bromeamos tomando como
base Cosmopolitan para decir lindezas del estilo de “¿dónde tendrán los hombres
el punto G?” o “¿cuántos orgasmos soporta una ejecutiva de Arkansas después de
tomarse un daikiri en pleno mes de agosto?”.
El caso es que Cosmo
lleva publicándose desde 1886, cuando la fundó el grupo Schlicht&Field para
el público familiar estadounidense de clase media. Sus secciones eran cocina,
niños, hogar y moda femenina. En las postrimerías del siglo XIX la publicación
incluso adquirió tintes literarios al dedicar más de la mitad de sus páginas a
la promoción de nuevos talentos. Tanto es así que el libro de H.G. Wells “La
guerra de los mundos” se publicó en Cosmo por capítulos.
El magnate William
Randolph Hearst (Orson Wells se inspiró en él para rodar “Ciudadano Kane” en 1941) la compró en 1905. A
pesar de la tendencia al amarillismo de Hearst, optó por el periodismo de
investigación. Se consolidó como una de las publicaciones más serias de su
época con colaboraciones de George Bernard Shaw, Upton Sinclair e Ida
Tarbell.
Comenzó a adquirir el talante actual en el decenio de los años 50, cuando
la ficción y las reseñas literarias desaparecieron. Sea como sea, llama la
atención cómo los primeros 50 años de Cosmopolitan se centraron en la
literatura y la cultura con mayúsculas.
La irrupción de la televisión fue un mal momento para el sector impreso
estadounidense y la tirada de las revistas bajó muchísimo. La circulación de Cosmopolitan continuó decayendo hasta
que se hizo cargo de la misma Helen Gurley Brown en 1965. La convirtió en una
revista femenina y eliminó de un tajo todas las referencias literarias. Empezó
a promocionar los artículos de sexo, las editoriales subidas de tono y colocar
en la portada fotos de actrices poco conocidas en bikini o tanga.
Mucha gente criticaba a Helen, en especial los grupos puritanos de la
América profunda. Ella, ni corta ni perezosa, hacía oídos sordos y veía como la
circulación de Cosmo iba subiendo, en especial después de causar un revuelo de
marca mayor al publicar unas fotos de Burt Reynolds desnudo en 1972. Fue lo
nunca visto. La Iglesia, amas de casas amargadas, reprimidos de extrarradio, católicos
acérrimos; si no toleraban que apareciese una mujer en bañador, ver a un hombre
tapándose sus partes con el brazo era algo totalmente inaceptable. ¡Qué mala es
la envidia! Además, hay que reconocer que Burt no estaba nada mal.
Un tanto magistral de Helen: la edición generó gran controversia, elevando
a Cosmopolitan y a Reynolds a la cima de la cultura popular norteamericana. Gurley
murió en 2012 tras 32 años como directora internacional de Cosmopolitan, que se publica en más
de 100 países en 35 idiomas.
Fuera de Estados Unidos, la edición más popular (y también la más sexual,
con desnudos masculinos explícitos y artículos que rozan lo pornográfico) es la
británica. La tirada española apareció en 1990.
Seriedad y calidad
Antes hemos visto cómo en 1909 Condé
Nast se hizo cargo de Vogue. Es uno de los grupos editoriales más importantes
del mundo, dueño también de Vanity Fair. Es curioso pero el mismo Condé Nast la
creó en 1913 y la relanzó en febrero de 1983.
Hablamos de una revista que nada tiene que ver
con Cosmopolitan. Sí que comparte con Vogue la obsesión por tener a los
mejores, pero va más allá y sus reportajes de investigación compiten con los
elaborados por los mejores suplementos estadounidenses.
Cuenta con columnistas como Sebastian Junger, Michael Wolff, Christopher
Hitchens, Dominick Dunne y Maureen Orth. Y en sus páginas podemos ver el
trabajo de fotógrafos como Mario Testino o Annie Leibovitz.
Deleitémonos con estas dos fotografías de Leibovitz, experta en
inmortalizar el séptimo arte. Maravillosa la primera instantánea, de 2005, en
la que Uma Thurman posa con Kate Winslet, Cate Blanchett y otras divas del
celuloide.
Bellísima Salma Hayek en una fotografía de 2004 rodeada de otras actrices
de Hollywood.
Vanity Fair tiene prácticamente la exclusiva a la hora de fotografiar a los
actores y actrices nominados a los Óscar y en su edición anual Hollywood
Issue muestra fotografías exclusivas de los nominados a los Premios de la
Academia de cada año. Es justo lo que veíamos en la portada con Salma, nominada
en esa ocasión por “Frida”.
El peruano Mario Testino, icono de la fotografía de celebridades, siempre
será recordado por las portadas que realizó para Vanity Fair con la princesa
Diana como protagonista o su inmortalización de Kate Moss, preciosa.
Pueden encontrarse ediciones propias de VF en Alemania, Reino Unido, Italia
y España, donde apareció en septiembre de 2008. Terminamos este recorrido con
otros dos emblemas de Vanity: la fotografía embarazada de Demi Moore y el
reportaje de investigación sobre la industria del tabaco que inspiró la
película “El dilema” (1999, Michael Mann), escrito por la periodista Marie
Brenner con el título de “El hombre que sabía demasiado”.
Como vemos, es algo
más que una revista de moda. La moda, cuando aparece en Vanity, adquiere el
nivel de reportaje elaborado por un preparado equipo de investigación.
La más vendida
La fundaron en 1945 en
París Pierre Lazareff y su mujer, Hélène Gordon. Es la revista
de moda más vendida del mundo, una mezcla entre Vogue y Cosmopolitan, con
reportajes de moda de alta calidad pero a la vez con hueco para temas más
frívolos.
Aunque todas las publicaciones promocionan premios (recordemos que Juan
Vidal, viejo conocido de MQMP, ganó el Who’s on next de la Fundación Vogue: http://blog.mqmp.es/2014/08/juan-vidal-soy-terriblemente-miedoso-el.html),
Elle es la organizadora de los premios anuales del sector de la moda más
importantes con diferencia, los ELLE Style Awards.
Es propiedad del grupo Lagardére y en España se publica desde 1986 de la mano
de Hachette Filipacchi. Su lectora es una mujer dinámica y moderna
a la que le interesa todo lo que le rodea. Sus páginas la acercan al mundo de
la moda, la estética, las últimas tendencias, las vanguardias culturales, los
gustos sociales o cualquier avance orientado a contribuir a una mayor calidad
de vida.
Al igual que Lauren Hutton fue la modelo que más portadas de Vogue acaparó
en sus años gloriosos, Elle Macpherson hizo lo propio en Elle entre 1985 y
1989. La australiana, conocida como “el Cuerpo”, apareció en todos los números
de la revista durante esos cuatro años.
Como en botica, hay para todos los gustos y las cuatro revistas que hemos
analizado aportan algo nuevo y diferente. Pueden leerse las cuatro a la vez,
por qué no, del mismo modo que podemos ver ¡Sálvame! una tarde tonta de enero
en el sofá y disfrutar de La Ilíada de Homero a la mañana siguiente. Por qué no
jugar al Doctor Livingstone buscando el punto G de nuestra pareja gracias a los
sabios consejos de Cosmo, impresionarla con algún reportaje de investigación de
Vanity Fair, recomendarle que para su piel mixta el último grito es el pepino
cocido como hemos leído en Elle o echarle un rapapolvo porque no sigue las
tendencias que en Vogue nos ofrece Anne Wintour. Todo es perfecto. Todo está
bien. ¡Al kiosco!
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