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¡Más que mil palabras!

viernes, 12 de junio de 2015

Cinco historias veraniegas



Eduardo Viladés, MPMP.- Hace apenas dos meses nos metíamos en casa a las seis de la tarde, muertos de frío, con la manta sobre las rodillas y de mal humor por no haber visto ni un rayo de luz en varios días.

Dentro de nada sacaremos del armario la ropa de verano, el bronceador, empezaremos a meter tripa pensando en que nuestras amigas nos verán medio desnudas en la playa, idearemos el destino vacacional (en la mayoría de los casos, el sofá de casa porque no hay dinero) y llegaremos a casa a las once de la noche como pronto.



¿Qué haremos este verano?
Empiezo yo. Vegetar.
No pienso hacer otra cosa.
Económicamente no puedo permitirme ni irme un fin de semana a Villava, de modo que me quedaré en casa tomando el Sol por el resquicio de luz que entra por la cocina y leyendo novelas y relatos que me trasladen a la época romana.
Cada año me obsesiono por un periodo histórico cuando llega el verano.
El año pasado me disfracé de visigodo, estilo Atila; este año me apetece más la estética Nerón. Más veraniega y llevadera, que las pieles de los godos en pleno verano son muy incómodas.


Soy naturista a ultranza, de manera que no puedo fotografiar un bañador como imprescindible en mi armario porque, sencillamente, no tengo. De hecho, el concepto de playa textil no cabe en mi mente. Me quedo, por lo tanto, con esta camiseta sin mangas, muy útil para los meses veraniegos. Me costó cuatro euros en H&M y, aunque mi madre dice que es un horror, a mí me encanta y es muy cómoda.
Esta claro que la fotografía de la choza de paja de la parte superior es fruto de mi imaginario. 
El día que vaya a las Seychelles, de donde es esa instantánea, os informaré.

Abril es muy importante para mí.
Dos de mis mejores amigas y mi tía Victoria cumplen años ese mes.
Una de esas amigas es Julia.
Nos conocimos hace ya cinco años haciendo teatro en Madrid.
Dos días a la semana nos dedicábamos a caminar por el espacio, sacar nuestra ira, nuestra fuerza interior, ser zanahorias, vasos, botellas, locos, cuerdos, cemento por el suelo, imitar a Las Grecas borrachas y con sobredosis.
Reír, en definitiva.
Es una persona maravillosa a la que quiero con locura que este verano se pondrá este vestido blanco calado que destacará con su piel morena.



“Me gustan este tipo de prendas femeninas y frescas para el verano”, afirma.
Por cierto, el vestido se lo regalé yo.
Con lo guapa que es y la percha que tiene, todo le queda bien, las cosas como son.



También le encanta esta falda larga con estampado tipo Escher. “Me gustó desde el primer momento por el movimiento que transmite el dibujo y el tipo de tela para un look más desenfadado y original”.

Hace más de 12 años que conozco a Petra, desde aquellos lejanos tiempos de nuestra vida londinense. No la veo hace siglos, pero ambos sabemos que estamos ahí y nos queremos.



“En Madrid, considerando que pasamos del abrigo a la manga corta sin darte cuenta, mi uniforme de verano es una camiseta de tirantes y una gorra estilo militar”, afirma Petra, que lleva viviendo poco más de un año en la capital tras un largo periplo en Sudáfrica.

“Lo elijo por comodidad para sacar al perro, patinar y disfrutar del buen tiempo. La gorra es un elemento esencial para mí. La necesitó para evitar insolaciones y no tener que arrugar el entrecejo porque parece que con las gafas solas no basta”.

A pesar de que no la conozco hace mucho tiempo, Cristina ya se ha convertido en parte de mi familia. Tía de mi actriz fetiche, Belén González, con quien he trabajado ya en cuatro ocasiones, es una mujer maravillosa con quien es muy fácil sentirse cómodo.




Un imprescindible en el armario de Cristina son sus deportivas rojas, ideales para las caminatas que se da por el paseo marítimo de Valencia. “Estreno con mucho amor regalos de mi madre y mi hija: una caja para mis collares y un jersey”, dice con su alegría característica. “Este verano lo que más me apetece es ver mucho teatro, pasar mucho tiempo con amigos y disfrutar de la luz de día”.

A Sheila le encanta el mar y la tranquilidad.
Ante todo, busca sentirse cómoda en verano y opta por prendas como este sueter azul de seda con dos capas. Realza su busto y es muy ligero.



“Me encantan este tipo de prendas porque combinan con todo”, dice Sheila, que este verano quiere pasar el  mayor tiempo posible en la playa. No olvidará en su maleta este conjunto vaquero y este mini vestido en varios tonos, ideales para las noches estivales.




Recién licenciada en Derecho, Berta pasa horas y horas en la biblioteca, donde prepara oposiciones. Aún así, no renuncia a sentirse guapa y opta por prendas cómodas como esta camiseta aguamarina, una de sus favoritas.



“Tiene una larga historia porque me la compré hace mucho tiempo en Francia, aunque me sigue sirviendo. Además de que es uno de mis colores favoritos, pienso que ese tono turquesa favorece mucho con el moreno y destaca por las letras en colores y los tirantes en blanco. Pega con cualquier short, ya sea vaqueros o blancos y es una prenda muy ponible ya que si las combinas con tacones queda más arreglada y, por el día, con un short mucho más informal”.



A Berta la conocí en un máster de lengua italiana en la Universidad de Valencia y es una chica llena de vitalidad que te inculca siempre su buen humor y optimismo. Seguimos hurgando en su fondo de armario, a ver qué nos cuenta.



“Las cuñas marrones no pueden faltar en mi armario. En verano siempre tiendo a llevar tacón y no hay nada más cómodo que unas cuñas. Tengo de varios colores, pero en concreto éstas me encantan porque combinan con casi todas las prendas ya sea de día o de noche. Es una forma de estilizar las piernas y estar siempre a punto pero sin que falte el punto de comodidad”.




Este verano, Berta irá a Alicante a descansar de las oposiciones y no olvidará en su maleta esta falda. “Sinceramente, no estaba convencida al comprármela ya que lleva dos capas de tul y una abundante capa por encima de tela con lentejuelas que hace un efecto con bastante volumen. Me daba miedo de que me hiciese gordita, aunque no fue así y ahora estoy encantada”.



Julia, Sheila, Petra, Cristina, Berta... y Nerón.
El verano ya está aquí.
Luz, color, alegría (¡parezco sacado de una canción de Marisol!) y a disfrutar de estos tres meses en los que la vitamina D hará que recarguemos las pilas y seamos un poco más felices.
La ropa que llevemos, al fin y al cabo, dará igual.
Es ropa.
Renovemos nuestro vestuario interior, nuestro corazón, y las prendas que nos pongamos por fuera adquirirán brío por sí solas.
¡Buen verano!


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